Texto y fotografías: Luis Daniel Nava

Acatlán, Gro., 05 de mayo de 2021.- Del 25 de abril al 15 de mayo en Acatlán se celebran rituales en manantiales y cruces para pedir a la naturaleza suficiente lluvia en el inicio del nuevo ciclo agrícola.

El primero de mayo el joven Balam ayunó y le rezó a su máscara hecha de cuero de res y a su traje de tecuani.

Es parte de su preparación para el ritual de petición de lluvia en los lugares sagrados: el dos de mayo en el Cerro Azul o Cruzco y el tres en el llamado Comulian (lugar donde se nace el agua dulce).

En el Comulian, un centro ceremonial ubicado en la entrada del pueblo y donde se ubican los manantiales de agua dulce que lo abastecen, Balam llegó a las cinco de la tarde del tres de mayo a ofrendar con flores y velas a las tres cruces.

En la primera cruz tomó una piedra que al final de su recorrido utilizó para limpiar su alma y pedir un deseo. En esta ocasión pidió porque sus familiares y seres queridos tengan buena salud luego de un año de pandemia por el coronavirus.

Este día es un encuentro del pueblo con la naturaleza y su identidad. En el cerro se comen tamales, pozole y se bebe atole, agua fresca y mezcal. Los niños replican las peleas de un día anterior en el Cruzco.

Las peleas forjan a las nuevas generaciones a ser temerarios ante las adversidades de la vida. Al final los participantes y pobladores bailan al ritmo de la música de viento.

El ritual en Acatlán inicia desde el 25 de abril con los Cojtlatlastin (los hombres viento, que salen ataviados trajes brillantes, pañuelos, máscaras rojas de madera con la imagen incrustada de una lagartija y largas melenas multicolor).

Toda la noche recorren las cruces de toda la comunidad ubicadas en los cruces de caminos y donde han fallecido personas. El recorrido concluye la mañana del siguiente día.

Continua su pedimento y ofrenda el dos en el Cruzco y en la iglesia del pueblo, el tres en el Comulian, el cuatro en el Colozapan [lugar donde abundan los alacranes y el agua] y el cinco de mayo, ya agotados de recorrer kilómetros y de emitir un grito que anuncia su llegada, lo utilizan para reflexionar.

Para el ex comisario y parte de un consejo de hombres grandes, Nicodemus Medina Nava, el ritual es de trascendencia para toda la comunidad.

Los Cojtlatlastin y los tecuanis, dice, hacen la invocación a la energía del viento y del sol, así como la representación de la fuerza y el vigor. Es la cosmovisión antigua, explica, se venera el sol, a la tierra, el agua y el aire.

“Estas manifestaciones son con un solo propósito: que haya un equilibrio con la naturaleza, que haya suficiente lluvia para que todo esté en armonía. Después sigue la danza, la fiesta, la alegría”.

En la ceremonia participan también los mecos azules, los tlacololeros y los maromeros.

El 15 de mayo, día de San Isidro labrador, los gañanes presentan ante la iglesia católica para su bendición a su yunta y los enseres que utilizará en su labor agrícola como su bule de agua, cagual, machete y morral.

Ya están listos para esperar las primeras lluvias. La de Acatlán es una historia viva que trascendió desde los tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres y ahora los niños y recién nacidos.

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