Encabezados por su director, José Filiberto Velázquez Florencio acudieron a la embajada que se encuentra en la capital del país para recibir el premio anual Tulipán

Texto Jesús Saavedra

Chilpancingo, 18 de diceimbre de 2025.- El Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia “Minerva Bello” agradeció a la embajada del reino de Países Bajos en México por “mirar, escuchar y acompañar realidades que muchas veces permanecen invisibles: realidades marcadas por el dolor, por el miedo y por el abandono, en territorios donde la violencia se vive todos los días y donde construir paz parece, a veces, un acto casi imposible”.

Este miércoles por la tarde los integrantes de ese Centro, encabezados por su director, José Filiberto Velázquez Florencio acudieron a la embajada de Países bajos en México que se encuentra en la capital del país para recibir el premio anual Tulipán que entrega ese país por la defensa de derechos humanos.

El premio lo dedicó a Yanqui Kotan Gómez Peralta, normalista de Ayotzinapa asesinado en marzo del 2024; al sacerdote, Marcelo Pérez, asesinado en septiembre del 2024 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; y a Jesús Alaín Vázquez Pérez, normalista de Mactumatzá, Chiapas quien falleció en mayo de este año cuando cayó de una camioneta cuando los perseguían Policías Estatales.

Velázquez Florencio, destacó que ese premio es un “reconocimiento institucional; un gesto político y profundamente humano y significa que alguien ha decidido mirar, escuchar y acompañar realidades que muchas veces permanecen invisibles: realidades marcadas por el dolor, por el miedo y por el abandono, en territorios donde la violencia se vive todos los días y donde construir paz parece, a veces, un acto casi imposible”.

El sacerdote católico, sostuvo que “Guerrero es un estado atravesado por graves violaciones a los derechos humanos: desapariciones, desplazamientos forzados, violencia armada, pobreza estructural y una impunidad que duele, que se normaliza y que se hereda. En este contexto, hablar de paz no es un discurso abstracto ni una consigna vacía. Hablar de paz es hablar de una necesidad urgente, concreta y cotidiana”.

Indicó que para este Centro, “la paz no se reduce a la ausencia de violencia. La paz se construye todos los días acompañando a las víctimas, escuchando sus historias, defendiendo la memoria, exigiendo verdad y justicia, y creando condiciones para que la violencia no sea el destino inevitable de nuestras comunidades. La paz se construye cuando una familia deja de estar sola frente al dolor”.

Dijo que su trabajo “ha sido un trabajo constante, necesario y profundamente comprometido; se ha construido desde la escucha respetuosa, desde el acompañamiento cercano y desde la convicción ética de que toda vida tiene dignidad y merece ser defendida”.

Puntualizó que la defensa de los derechos humanos “no es un esfuerzo aislado. Que la solidaridad internacional importa. Que voltear a ver territorios como Guerrero también es una forma concreta de comprometerse con la justicia, con la paz y con la dignidad humana, más allá de las fronteras”.

Velázquez Florencio reafirmó el compromiso del Centro “de seguir trabajando día a día, incluso en medio del miedo, del cansancio y de la incertidumbre. Seguiremos apostando por la construcción de entornos donde la vida sea posible, donde las niñas y los niños puedan crecer sin violencia, donde las familias no tengan que elegir entre el silencio y el riesgo, entre la huida y la muerte”.

Subrayó que “las víctimas no son cifras ni expedientes. Son personas con nombres, con historias, con sueños interrumpidos. Acompañarlas no es un favor; es una obligación ética y un deber de defender la dignidad humana”.

Recordó con mucho cariño a doña Minerva Bello quien murió en 2017 “sin saber el paradero de su hijo Everardo Rodríguez Bello y sus 42 compañeros de Ayotzinapa, a ellos y a quienes siguen siendo buscados, a quienes esperan verdad, justicia y memoria”.

Pidió que el Premio Tulipán “nos recuerde que, incluso en los contextos más marcados por la violencia, la dignidad humana sigue floreciendo cuando hay memoria, justicia y solidaridad. Que nos recuerde que la paz no se decreta desde arriba, sino que se construye desde abajo, con las víctimas al centro, con valentía ética y con compromiso colectivo”.

Recordó que el tulipán florece después del frío más duro, “resiste el invierno, la tierra cerrada y el clima extremo, y aun así vuelve a brotar. No porque el entorno sea favorable, sino porque la vida insiste. Así entendemos la paz en Guerrero: no como algo frágil o decorativo, sino como una fuerza que sobrevive a la violencia, que se abre paso incluso en los contextos más adversos, y que nos recuerda que la dignidad humana, cuando es cuidada y defendida, siempre encuentra la manera de florecer. Por eso desde Guerrero, desde las comunidades que resisten y las familias que no se rinden, afirmamos hoy algo con claridad y convicción: la paz no es ingenuidad, es la forma más valiente de defender la vida”.

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