El pasado vienes «se llevó a cabo la exhumación de dos osamentas que, probablemente, correspondan a los hermanos Roberto Reyes Piedra y Rubén Izazaga Piedra» en La Tigra, Petatlán, según un comunicado

Texto Jesús Saavedra

Chilpancingo, 30 de octubre de 2025.- Los restos de los hermanos Roberto Reyes Piedra y Rubén Izazaga Piedra, detenidos y desaparecidos por elementos del Ejército en octubre de 1975 en Atoyac de Álvarez fueron probablemente localizados en una fosa clandestina en las inmediaciones de La Tigra, municipio de Petatlán, por lo que sus familiares hicieron un llamado al gobierno federal a su inmediata identificación forense.
Roberto y Rubén fueron detenidos en octubre de 1975 en Atoyac de Álvarez por elementos del Ejército y más tarde fueron víctimas de desaparición forzada en la comunidad de La Tigra, municipio de Petatlán, en la Costa Grande de nuestra entidad en una época de medidas de contrainsurgencia del Estado y que es conocida como la «Guerra Sucia» que dejó centenares de desaparecidos en nuestra entidad.
La familia Reyes Arzate emprendió una lucha desde esa fecha y 50 años después parece que ha rendido frutos, informaron en un boletín la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México (AFADEM), el Laboratorio de Litigio Estructural, A.С. у Fundar, Centro de Análisis e Investigación, A.C. quienes afirmaron que en México «sigue vigente la deuda histórica por las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por el Estado mexicano».
Explicaron que el pasado vienes 24 «se llevó a cabo la exhumación de dos osamentas que, probablemente, correspondan a los hermanos Roberto Reyes Piedra y Rubén Izazaga Piedra, víctimas de desaparición forzada de la década de los 70. Roberto y Rubén fueron detenidos en octubre de 1975 por elementos del Ejército y más tarde fueron víctimas de desaparición forzada en la comunidad de La Tigra, municipio de Petatlán. Los hechos ocurrieron en el marco de una estrategia de represión sistemática implementada por el Estado, recientemente denominada como terrorismo de Estado».
Informaron que esa diligencia de exhumación estuvo a cargo del personal de la Fiscalía General de la República (FGR) y la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas (CNB), «contó también con la participación de una perita independiente y fue resultado de la incansable lucha de las familias y colectivos que, por décadas, han exigido localizar a sus seres queridos, al igual que verdad, justicia, reparación, memoria y no repetición».
Las tres organizaciones indicaron que han acompañado «a las familias de las víctimas, cuyo compromiso y disposición fue fundamental para la realización de la diligencia».
Denunciaron que «desafortunadamente, enfrentamos diversos obstáculos institucionales y demoras atribuibles a la falta de exhaustividad y flexibilidad por parte de la FGR y el Poder Judicial Federal, lo que provocó un retraso de tres días en su realización, generando angustia e incertidumbre entre las y los familiares».


Consideraron que ahora «corresponde ahora la pronta identificación de los restos, a fin de atenuar, en lo posible, el sufrimiento que genera la desaparición forzada de un ser querido. Igualmente, será necesario que se garanticen las condiciones para una restitución digna a las familias».
Resaltaron que con la exhumación de esos restos «sería el tercer hallazgo de víctimas del terrorismo de Estado, sumando, en total, 11 cuerpos exhumados. Por ello, esto no solo representa un paso hacia la justicia y un acto de memoria y dignificación para las familias y colectivos que han sido silenciados por décadas, sino que evidencia la obligación, hasta ahora incumplida, de garantizar el acceso a la justicia, el derecho a la verdad y la reparación integral de las víctimas indirectas».
Por ello hicieron «un llamado urgente a las autoridades competentes para que den continuidad a las investigaciones, identifiquen y sancionen a los responsables de la desaparición forzada de los hermanos Roberto Reyes Piedra y Rubén Izazaga Piedra, y reparen el daño de manera justa e integral. Asimismo, exigimos avanzar hacia el reconocimiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos en el pasado reciente, cuyas heridas siguen abiertas y latentes desde hace más de medio siglo. De esta manera se permitirá que la verdad lleve a los caminos de la justicia, y que la justicia sea una garantía de no repetición».

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