Texto: Fabiola Ramos Gallo

Fotografías: Eric Chavelas Hernández

Chilpancingo, Gro. 12 de diciembre de 2020.- Hace 9 años ocurrió un evento que marcaría no solo a dos familias sino a una generación, el 12 de diciembre Gabriel Echeverría y Jorge Alexis Herrera Pino fueron asesinados a manos de Policías ministeriales, federales, estatales y a ojos de otros tantos que quedaron atrapados entre los disparos.

Los dos estudiantes, de 19 y 20 años de edad respectivamente, habían sembrado sus sueños en la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, en esta los estudiantes no sólo se habían sumado a la matrícula, sino a la lucha por una educación popular más justa, ya que al igual que otras normales rurales han sido objeto de ataques por parte del Estado al ser consideradas “cuna de guerrilleros”.

El 12 de diciembre de 2011, Gabriel y Jorge acudieron junto a demás compañeros a manifestarse debido a la indisposición por parte del entonces gobernador Ángel Aguirre Rivero, que ya había suspendido cuatro audiencias para atender las demandas de los estudiantes, entre las que pedían mejoras en la infraestructura de su escuela y aumento de matrícula.

Como parte de la actividad los estudiantes bloquearon la Autopista del Sol en Chilpancingo, justo en el Parador de Marqués y previamente informaron a los medios de comunicación sobre la manifestación para que dieran cobertura.

Los reporteros iban en camino cuando el periodista Sergio Ocampo recibió una llamada
-“¿Todavía no vienen? nos están disparando”.
El reportero reitera que están cerca e ignora la advertencia.

Al llegar al lugar abordo del volskwagen del fotoperiodista Eric Chavelas, los reporteros apagaron motor y observaron a Policías Ministeriales disparando con dirección a los estudiantes, del lado contrario de la Autopista se encontraban los federales desde donde también se escuchaban disparos.

La adrenalina y el compromiso periodístico pudo más que el miedo, quizá en un arranque de ingenuidad ignoraron lo que la gente advertía, se dispusieron a cruzar la autopista y se refugiaron bajo un tráiler. Cabe mencionar que el conductor fue herido de bala en una pierna.

“Los que disparaban era la Policía Federal y la Ministerial es mentira que los muchachos estaban disparando, no llevaban nada. Calculamos más de 500 balazos, incluso yo le gritaba al compañero Abel Miranda que se hiciera a un lado, uno por no conocer esta bronca se confunde, el sonido de los balazos tienen otra trayectoria”.

Posterior a esta advertencia, el reportero volteó hacia el camellón, vio como uno de los manifestantes se subió para intentar saltar, en esa maniobra le dispararon.

Al cesar el fuego, los reporteros se levantaron y se percataron que otro joven cayó en el carril norte-sur de la Autopista.

En ese momento llegó el entonces subsecretario de Seguridad, Ramón Arreola, con palo en mano y manchas de sangre en el cuerpo, los reporteros se acercaron para abordarlo, Sergio Ocampo sacó la grabadora y cuestionó:

-oiga ¿Cuál es la indicación del gobernador Ángel Aguirre?
-Que se limpie la carretera, respondió el funcionario
-O sea inclusive con lo qué pasó
-¡Que se limpie la carretera! respondió reiterante y molesto.

Los rostros de los ciudadanos que se resguardaban aún en las unidades perforadas por las balas reflejaban el horror de la escena. Una mujer miraba perpleja al joven caído.

-Señora ¿no tendrá un trapo para cubrirle la cara al muchacho? Preguntó Sergio.

La mujer en ese momento se quitó el suéter y lo puso en manos del reportero que cubrió el rostro a aquel joven del que nunca supo su identidad.

Sergio se negó a reconocer al caído, nunca investigó quién de los 2 normalistas muertos había sido aquel en el que por un instante pensó pudo haber sido su hijo.

“Al poco tiempo llegó Alberto López Rosas queriendo arreglar la situación, pero fue una acción de estado, una estrategia de amedrentamiento, una decisión de Ángel Aguirre por golpear Ayotzinapa con una visión muy fascista que tuvo su curso y culminó el 26 de septiembre de 2014 en Iguala. Fue una acción premeditada, con alevosía y ventaja en donde ya se mezclaba la delincuencia organizada con el Estado” relata Sergio con la experiencia de quien por más de 25 años ha dado cobertura a la lucha normalista.

Al tiempo, el periodista relata cómo el gobierno trató de “lavarse la cara” al exponer el caso de Gonzalo Miguel Rivas, trabajador muerto por quemaduras después que se ocasionara el incendio de dos bombas de gasolina “una gasolinera no puede explotar porque tienen protección especial, los muchachos no lo rociaron”.

Sergio al igual que sus compañeros fue marcado por esta cobertura y reconoce que “te queda una sensación, una idea de ¿qué pasa, por qué se genera tanta violencia? Yo creo que después te replanteas como te pudo haber alcanzado una bala. Como es posible que policías dispararan contra jóvenes”.

Una rebanada de pastel, un detalle para decir adiós

Gabriel Echeverría era originario de Tixtla, de familia humilde y trabajadora. Su padre y su madre, Don Gabriel Echeverría y doña Amadea de Jesús se dedican hasta ahora a la venta de comida en una fonda, su hermano Francisco Echeverría para esos años se empleaba como peón de albañil y hacía diversas actividades en el mercado tixtleco para ganarse algunas monedas y apoyar a su hermano.

Al entrevistar a Francisco, quien actualmente pertenece al Comité de Los Olvidados de Ayotzinapa, comparte los recuerdos que con el tiempo cobran más valor, un temblor y una rebanada de pastel son los destellos de los últimos días con Gabriel.

El 10 de diciembre; es decir 2 días antes de la tragedia, Francisco llamó a su hermano quien se encontraba en la Normal, un temblor cimbró fuerte en la entidad y necesitaban saber si se encontraba bien. Gabriel atendió la llamada de manera breve, sólo daban un recorrido por la escuela para verificar que no hubiera daños en la infraestructura.

Al día siguiente, Gabriel visitó a la familia, llegó a la fonda de doña Amadea y ahí platicó largas horas. Posteriormente, diría algunas palabras que aún estremecen a Francisco “Te encargo a papá y a mamá” le pidió con rostro serio.

-¿Por qué me dices eso? Preguntó Francisco
-Es que es que mañana vamos a protestar, no sabemos que vaya a pasar ya le hemos pedido tres audiencias al gobernador, pero nos ha evadido.
-Vete consciente que sí los va a recibir y vas a salir bien.

“Todavía en el transcurso del camino me dijo que se le antojaba una rebanada de pastel, yo para eso traía sólo 20 pesos en mi pantalón, no había logrado juntar más, pues con esas monedas nos regresamos y se la compré. Fue la última compra que le hice, yo lo apoyaba para sus estudios teníamos un acuerdo que yo lo iba a apoyar para que terminara la Normal y él después me apoyaría a estudiar para abogado”.

Más tarde lo mismo dijo a sus padres “ahí nos vemos, si no nos vemos en esta vida, en la otra”, su madre lo llamó para preguntarle porqué había dicho eso, la misma respuesta obtuvo; doña Amadea sólo le dio la bendición y Gabriel siguió su camino.

Impunidad, hostigamiento y enfermedad: los estragos del crimen

El cambio en la vida de los Echeverría de Jesús se dio desde que recibieron el cuerpo de Gabriel en SEMEFO de Chilpancingo, un personal negligente e indolente argumentaba tener órdenes del gobernador de no presentar el cuerpo.

En contraste con las fotografías, se evidencia que Gabriel aún después de muerto fue golpeado o arrastrado, su cuerpo presentaba moretones, rasgaduras y desprendimiento de piel.

El certificado de defunción omite dos balazos que le fueron proporcionados y sólo constata el impacto de una bala en su cuerpo, después de esto el caso se ha estancado.

“Ya han pasado 9 años no ha habido justicia, lo único relevante fue la aprehensión de dos Ministeriales como supuestos autores materiales -Rey David Cortés e Ismael Matadamas- que después de meses dejaron en libertad. Algunas evidencias fueron borradas por el entonces Procurador de Justicia, Alberto López Rosas, desde entonces se está viviendo una impunidad muy terrible”.

Asimismo, Francisco subrayó que desde el 2011 no ha pasado un solo año en el que el Estado no dé señales de advertencia y hostigamiento.

“Ha habido persecución, intimidación y más que nada han venido a la casa, gente infiltrada a preguntar cuántas personas viven aquí, a qué nos dedicamos y a tomar fotografías.

Estas acciones han ido en aumento luego de que se conformara el Comité ‘Los Olvidados de Ayotzinapa’ en el cual se aglutinan los familiares de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa caídos para demandar justicia a los desaparecidos y asesinados.

Aunado a esto tienen que luchar con las enfermedades que se han desencadenado a raíz del asesinato de Gabriel, pues tiempo después del crimen sus padres desarrollaron diabetes.

El vocero del comité comentó que han buscado el apoyo para que se les pueda brindar atención médica para víctimas, en las dependencias se les ha negado por considerar que sus enfermedades se presentaron de manera atemporal y por “no tener nada que ver con el suceso”.

“Psicológicamente también nos vimos afectados todos, aunque por fuera nos veamos diferentes, por dentro tenemos ese sentir. Claro que los familiares tienen tristeza, cada día los va matando, pero muchas veces no se puede sacar el sentimiento por no quebrantar a la familia”.

Francisco, posterior a la muerte de Gabriel, decidió estudiar en la misma Normal que su hermano, lo que asegura le ayudó a entender a profundidad la lucha social y a exigir justicia por este y otros crímenes.

Entorno al curso legal del caso, en el año 2015 se giró un oficio a la Corte Interamericana de Derechos Humanos misma que remitió una carta con la cual el Estado Mexicano tendrá que responder lo que habrá de proceder contra los responsables de este crimen.

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