A comunidades nahuas tambien lllevan espectáculo de payasos y organillero
Texto Luis Daniel Nava
Chilpancingo, 6 de enero de 2026. – Desde hace 17 años, maestros, activistas y artistas recorren los pueblos de la montaña baja de Guerrero para regalar sonrisas y alegría a los corazones de niñas y niños. Se trata del colectivo Ajkosamalotsin (Arcoiris).
Este colectivo el fin de semana realizó una gira por comunidades nahuas de Chilapa y Zitlala para entregar cobertores, abrigos, juguetes, aguinaldos y sobre todo un momento de felicidad a los pequeños. La actividad es filantrópica, sin ningún fin de lucro, alejada de partidos políticos y de la religión.
Se ha realizado desde el 2009, solo se interrumpió en el 2021 durante la pandemia de Covid-19.
A las 2 de la tarde del sábado 3 de enero llegan avla comunidad nahua El Terrero. Su acceso es accidentado pues el camino es empedrado y de bajada. Los niños y niñas que portan un traje multicolor salen desde distintas viviendas esparcidas a cientos de metros de distancia para reunirse en el centro de la población.
El Terrero es una comunidad de unos 150 habitantes que viven de la agricultura y del pesado trabajo de extraer y cortar manualmente piedra de cantera. La maestra de Educación Indígena, Carmen Pascualeño saluda en náhuatl a los niños y niñas quienes ya la esperan emocionados.
Los pequeños reciben un abrigo y un cobertor que han sido donados por estudiantes y profesionistas de otros estados como la Ciudad de México, Querétaro, Puebla y ciudades de Guerrero como Chilpancingo, Tixtla y Chilapa. El escenario donde se hará la presentación es una explanada natural entre cerros, un cielo azul, nubes que parecen pintadas en acuarela y montañas de distintos tonos azules y verdes.
Jack Ramone, también conocido como Jackuauhtli, inicia el espectáculo de magia, humor blanco y acrobacia. En los tres años que ha acudido a estas comunidades el payaso capitalino ha aprendido frases en la lengua náhuatl lo que le facilita la interacción con su público.
Se, ome, yeyi (uno, dos, tres), es parte del conteo para algunos de sus números.La joven artista “Hulajandi”, que porta una blusa colorida de la zona, complementa el show con malabares con aros.
La pareja es parte de la compañía de espectáculos y performance Chilpan Circo. Ameniza el número con música navideña Víctor Maya, un organillero que llegó desde el zócalo de la Ciudad de México esa misma mañana a invitación del fotoperiodista José Luis de la Cruz. El músico tradicional muestra a los niños cómo funciona el instrumento de origen alemán que la Ciudad de México ha hecho propio y les permite tocarlo. Además, les regala un rehilete de papel.
Horas antes la actividad se realizó en la comunidad de Papaxtla y por la tarde se dirigirá a comunidades de Zitlala.
Entrevistada, Carmen Pascualeño dice que desde el 2009 iniciaron esta actividad en comunidades nahuas, donde usan la indumentaria que lleva variedad de colores.
Cofundadora es Eimar Arcos Aguilar.Con el paso de los años, expresa, se han incorporado más personas y artistas de otras ciudades, estados y hasta de radicados en los Estados Unidos.
“Soy mujer nahua, afortunadamente convivimos y compartimos espacios en comunidades como maestra de educación indígena. Hay necesidades en estas comunidades, donde los niños viven lejos. Lo hacemos para traer una sonrisa a los niños”.
En la actualidad, comenta, no hay muchos espacios de paz y de tranquilidad para los niños.“Tratamos de generar esos espacios de paz para ellos. Cuando iniciamos hacíamos la colecta de juguetes y ropa de uso en buen estado. Hoy hay más amigos y familiares que atienden el llamado, cada año, ellos vienen, nos apoyan”.
El organillero Víctor Maya es parte de una corporación cultural de organilleros. Dice que también hacen actividades culturales con comunidades desde invitaciones que reciben en la página de Facebook Organilleros de México.
“Los pequeños se impresionan mucho porque están acostumbrados tanto a la tecnología que cuando ven algo antiguo se les hace hasta más curioso que ver un celular muevo. Yo me quedo impresionado con los niños de estas comunidades, son muy lindos y ojalá podamos tener actividades en otros años”.
Para Jack Ramone su motivación es regalar un poco de diversión y que los niños tengan una tarde alegre. “Regalamos un poquito de nuestro arte, de nuestro corazón, de lo que le hemos invertido mucho tiempo de entrenamiento y práctica y aquí es la paga que tenemos por el arte. Aquí es donde verdaderamente sentimos el amor de los niños, sentimos la alegría. Ver la sonrisa de los niños es la motivación”.

